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EL RINCÓN DEL POETA
 

 

AMOR VERDADERO

 
 

Una noche de verano
estrellada y calurosa
en un piso algo lejano
con una mirada orgullosa

me presentó a su compañera.
Resultó ser una perrita,
de todas la más bonita.
¡Ay!, ¡Si yo la tuviera...!

¿Cómo pude yo quererla
siendo tan solo un animal?.
¿Seré yo un sentimental?
¡Qué bonito conocerla!

Solo sé que era preciosa
y también una glotona
¡Qué perrita más graciosa;
comiendo, la Campeona!.

Aquella perrita coqueta
con inteligencia y maestría,
se ganaba una galleta
con gracia y sabiduría.

De viaje una odisea
todo por subirla al coche,
aunque viera la correa
siempre tenía un reproche.

Más para salir de paseo
bajaba los peldaños ligera,
ya que era su gran deseo
después de tan larga espera

Con paso alegre caminaba
cual campechana diva
casi todo lo husmeaba
casi todo ella olía.

Por el campo y paseando
siempre seguía la pista

y veloz salía esprintando
si pasaba algún ciclista.

Gallarda como ninguna
no paraba de acariciarla,
porque sabía que a la larga
no encontraría excusa alguna

en no abrirle mi morada
para que pudiera corretear,
y tenerla junto a la almohada
donde ella deseaba estar.

¡Qué alegrías que me dio
en tan breve periodo de tiempo!,
estar con ella fue un portento;
ningún cariño me negó.

Nunca le podré agradecer
todo lo que me dio ella sola.
¡Lo que pueden llegar a querer
cuatro patas y una cola!.

Compartimos alimentos
alegrías e intimidades,
y sin ningún miramiento
hasta el champú de animales

Con estos versos quisiera
hacerle yo un monumento.
Que nunca sola estuviera
ni tan solo por un momento

¡Cuánto anhelo y nunca olvido,
sus besos y sus abrazos!
y aunque fueran algo escasos
también algún que otro ladrido.

El presente se escapó,
solo el recuerdo me llama
de la perrita manresana
que La Noche se la llevó.

 
       
   

Carlos

04/05/2003

 

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