Xubidu
Volver
 
Tour en Girona
 

     
tour en girona
De izquierda a derecha, Christian Vandevelde, Fred Rodríguez,
Ryder Hesjedal, Michael Creed y Levi Leipheimer, en Girona.
ARMSTRONG ELIGIÓ ESTA CIUDAD COMO REFUGIO EN EUROPA. LE HAN SEGUIDO AL MENOS 20 COMPATRIOTAS.
A Girona en bicicleta
La pareja de cicloturistas no puede hacer otra cosa que sonreír. Esta vez el grupo de americanos no les ha dejado atrás. Distinguen por los maillots que se trata de corredores profesionales. Seguro que deben ser los chicos que viven en Girona. Los yanquis. Van a un ritmo fuerte. Acaba de empezar la subida. Hace una treintena de kilómetros que han abandonado la capital gerundense.
La mañana es fría y todos van con la cara tapada, las gafas, el casco... imposible distinguir a nadie. Ellos tan felices. A rueda de los americanos. Se trata de no hacerse notar. Y, sobre todo, de no molestar. Hay una ley no escrita entre los practicantes del ciclismo que les permite situarse a cola de pelotón cuando se cruzan por la carretera con un grupo auténtico de profesionales. Si aguantan la velocidad, nadie les reñirá, ni les echará.
Curioso. Uno de los americanos no luce publicidad. Va en medio del grupo. Callado. Los dos cicloturistas apenas se percatan de su presencia. Al menos hasta que debe retrasarse por un pequeño contratiempo en una rueda. Enseguida arregla la avería y se reintegra al grupo, mientras da un cachete amistoso en la espalda del compañero. La frase que pronuncia, en perfecto inglés, les resulta incomprensible a los cicloturistas. Ni siquiera se han percatado del acento tejano. Pero, sí, al hablar han mirado su cara y le han reconocido.
--¡Collons, pero si es Armstrong!
Ríe Ricard Huélamo, fisioterapeuta, la alma mater de los estadounidenses que viven en Girona, cuando recuerda la escena. Los dos cicloturistas habían conseguido mantener el ritmo de entrenamiento de los corredores hasta que descubrieron que el seis veces ganador del Tour era uno de los integrantes del pelotón. "Entonces se pusieron tan nerviosos, que enseguida perdieron el contacto con el grupo".

Reunión familiar

El grupo cena esta noche en un restaurante del call. Están las mujeres. Sólo falta George Hincapie, el primero que llegó a Girona. Está corriendo en Italia. Pero su esposa acompaña a estos yanquis, que ya forman parte de la ciudadanía de Girona, una ciudad que les deja tranquilos y que no les agobia, con carreteras secundarias poco transitadas y con un mercado. Sí, señor, un mercado.
"En estados Unidos no tenemos mercados. Es una delicia poder ir a comprar, que te atiendan en las paradas y poder escoger lo que te vas a comer".Christian Vandevelde es de Chicago, de corazón demócrata y mente pacifista. Vive en Sarrià de Ter. Allí ha comprado un chalet a apenas 20 metros del hoyo uno del campo de golf."Tengo handicap 10. El golf me relaja".Lo afirma mientras practica con una madera, con finos movimientos, como queriendo impulsar una imaginaria bola más allá de donde se pierde la vista.
En el viejo piso de Vandevelde vivió unos días Armstrong, el Boss, el jefe, como le llaman todos en su equipo, el Discovery Channel. Por aquella época estaba casado con Kristin. La pareja tenía casa en Niza. Allí un coche se saltó un stop y golpeó al tejano, que se cayó de la bicicleta. También, en Francia, había demasiados cazadores de autógrafos. Y él, como ganador del Tour, no pasó inadvertido."Tú te vienes a Girona y te buscas una casa". Se lo dijo George Hincapie, enamorado de Girona, el que menos problemas tuvo también para aclimatarse a la ciudad al hablar perfectamente castellano. él es de Nueva York, pero su padre es colombiano. Armstrong se acomodó en el piso de 200 metros cuadrados, en pleno núcleo histórico, a apenas un suspiro del ayuntamiento. Aunque la casa era grande había aquella semana un montón de ciclistas. Pero Lance no quería estar solo, ni deseaba instalarse en un hotel.
Un encargo con discreción
Huélamo, el masajista del grupo, como lo es también del piloto Pablo Montoya o del futbolista Zinedine Zidane, recibió un encargo que debía realizar con suma discreción. No podía revelar el nombre del comprador, pero sí diseñar una lista de chalets de lujo que no estuvieran muy lejos de Girona. Armstrong sólo disponía de seis días para decidirse.
Fue sorprendente. Huélamo y Armstrong, ambos vestidos de ciclistas, visitaban la propuesta de casas. Huélamo había realizado la cita previa. Armstrong poco hablaba. Llegaban en sus bicicletas. Huélamo llevaba la lista en el bolsillo del maillot. "No le descubrían hasta que no me preguntaba alguna cosa en inglés". No había que dar muchas pistas. No fuera caso que si se sabía la identidad del comprador los precios se disparasen y adquiriesen una dimensión desconocida.
Quizá aquel invierno del 2001, con un par de Tours en el zurrón, Armstrong descubrió la magia del call, la tranquilidad de las calles y el Pont de Pedra, uno de los símbolos de Girona, el lugar donde todas las mañanas, a eso de las diez y media, queda el grupo de yanquis para salir a entrenar, para tomar primero un café, a escasa distancia de la oficina de turismo, donde poco a poco se constata cómo va creciendo el número de turistas estadounidenses que visitan la capital gerundense. "No tenemos una estadística clara sobre si este aumento de turistas está relacionado con Armstrong. Sí es verdad que muchos de ellos vienen aquí y preguntan cuál es su casa y cómo se llega. Pero también es cierto que los viajes desde Londres, a través de la compañía Ryanair, con precios bajísimos, atraen hasta Girona a un buen número de viajeros estadounidenses",cuentan en la oficina de turismo.
Fred Rodríguez, el actual campeón de Estados Unidos de fondo en carretera, es también el vecino de Lance. Vive en el piso de arriba. Desde sus ventanales observa el claustro románico, que le sirve al tejano de galería interior. Allí tiene unas mesas de madera. Allí es donde sus convidados toman una cerveza o un té, o donde también Sheryl Crow busca la inspiración, quizás para un nuevo tema musical. Fred sólo tendría que abrir la ventana para comunicarse con Armstrong. En el piso de al lado, idéntico al de Fred, vive Tyler Hamilton, campeón olímpico de contrarreloj, aunque ahora está en Estados Unidos, enfrascado en mil líos judiciales para tratar de demostrar que no se dopó con una transfusión de sangre en la última Vuelta a España.
En la estantería del comedor de Fred no falta una guía turística de la ciudad. El ciclista acaba de llegar a casa después de acompañar al ginecólogo a Annie, su mujer. La pareja espera a su primer hijo en julio. Fred no podrá asistir al parto, ya que estará en plena disputa del Tour. "Este piso no lo venderé. Yo vivo cerca de San Francisco, pero cuando me retire, pienso venir aquí a pasar las vacaciones". Controla por internet su negocio de venta de café. En Estados Unidos no hay bares en las calles donde puedan quedar los cicloturistas antes de la excursión dominical. Se citan en los comercios de bicis. Allí toman el café. La mayoría de estas tiendas se lo compran a Fred. "El café que sirvo es una mezcla que procede de varios países africanos. Tiene un buen sabor". A Armstrong también le encanta. Fred muestra el paquete de café molido que a la mañana siguiente le regalará al Boss, poco antes de salir a entrenar.

Amante de las antigüedades
La luz se cuela por cada uno de los grandes ventanales del piso de Armstrong. Es el testimonio de la presencia del tejano en Girona. Compró la casa, la rehabilitó y adquirió diversas antigüedades y cuadros del arte barroco catalán. Le gustaba la vivienda, prácticamente un palacete. Pero todo cambió de repente cuando se separó de Kristin.
él quería la casa grande para que sus tres hijos pudieran corretear por los pasillos y hasta ver el programa del Club Super 3, que, al parecer, era el único que seguía con cierto interés, entre las televisiones locales, el hijo mayor del corredor. Por eso, la primavera pasada, cuando vino con Sheryl Crow por primera vez a Girona, se añoró demasiado. Y, casi como si fuera un gesto de rabia, sin pensárselo dos veces, puso el palacete, la planta entresuelo de la finca, en venta. 3,4 millones de euros. A ese precio no encontró comprador.

       
Así que el jueves 3 de marzo aterrizó el tejano, en su jet privado, en el aeropuerto gerundense y se instaló de nuevo en su casa, en el call, en el mismo barrio judío que descubrió cuando decidió desistir de todas las ofertas inmobiliarias que le apartaban del centro de Girona.
Johnny Weltz, danés, llegó a la Garrotxa hace 16 años, cuando era ciclista del Fagor, de la mano de su amigo Pere Muñoz, corredor profesional de los 80. Se compró una casa en Montagut, muy cerca de Olot, a escasos metros de la que también posee Joan Llaneras, el ciclista mallorquín que ha sido cinco veces campeón del mundo de pista. Weltz fundó el US Postal en 1997.
tour en girona
La cita: Michael Creed y Fred Rodríguez, en la Rambla de Girona, antes de entrenar. Foto: JOAN CASTRO
A él se debe el milagro americano en la ciudad. "En aquella época el US Postal era un equipo muy modesto, que sólo podía subsistir si nos ganábamos plaza para el Tour. Lance todavía estaba convaleciente del cáncer. La mayoría de ciclistas estadounidenses estaba desperdigados por media Europa. Así que yo me traje a un grupo de seis, entre los que estaban Hincapie, Hamilton y Vandevelde, y les alquilé un piso". El apartamento estaba en la planta 11 del edificio que los gerundenses han bautizado como El Bolet. "Desde la ventana veían el Pirineo nevado".
tour en girona
Carretera despejada: El grupo ciclista surca la carretera de Girona a Amer, a la altura de Sant Gregori, una mañana de la semana pasada. Foto: JOAN CASTRO
Seis chicos, sin sus novias o esposas, metidos en un apartamento, que pronto se iba a convertir en una auténtica leonera. Nadie limpiaba. El propio Weltz, al menos, se encargaba de que nunca faltara comida en el frigorífico. Weltz compró luego el piso de 200 metros, cerca del ayuntamiento, donde se hospedó Armstrong mientras decidía qué casa se compraba en Girona.
Fiesta a la americana
Luego llegó Fred Rodríguez. El mismo que la pasada primavera organizó una pequeña fiesta en su casa, en la que no faltaron buena parte de los al menos 20 norteamericanos que han hecho de Girona su casa en Europa. A Lance no le apeteció unirse al encuentro y hasta, amicalmente, golpeó un poco el techo, cuando el ruido alcanzó unos decibelios más de lo permitido. "Habéis hecho un poco de ruido. Así nos riñó a la mañana siguiente", recuerda Fred.
Más tarde floreció el encanto del hotel Històric. Allí es donde pernoctan los auténticos americanos que aman el ciclismo y hacen de este deporte su verdadera religión. "En Estados Unidos --explica Fred-- el ciclismo de carretera es un deporte muy elitista. Los ricos, a los que les agrada machacarse físicamente, se compran una bicicleta, la mejor, claro, y quedan para hacer kilómetros y rutas. Los que tienen más barriguita practican el golf. Luego, en verano, se vienen a Europa. Les preparan excursiones en las que descubren los puertos más famosos del Tour. Ahora también vienen a Girona, atraídos por Lance y por el resto de americanos que aquí vivimos. Se instalan en el Històric. Ellos quieren también hoteles con encanto, buenos restaurantes y conocer los secretos de la ciudad". Fred guarda todavía el artículo que publicó The New York Times hace un año, en el que bautizó a Girona como la ciudad oculta de Europa. Se hablaba, claro está, del cariño que Armstrong profesa hacia la capital gerundense, a la que comparaban por sus encantos con Verona y Pisa.

Cuatro palabras en catalán
"La mayoría de nosotros apenas habla castellano. Yo, al igual que mi mujer, hemos aprendido la lengua y también entendemos algunas frases en catalán. Sabemos decir bon dia, bona nit y bon profit", bromea Vandevelde, que el año pasado corrió en el Liberty Seguros, el equipo de Manolo Saiz. Su mujer, Leah, es triatleta y aún hace más deporte que él. El chalet de los Vandevelde es de una sola planta, que todavía están acabando de decorar. Levi Leipheimer, que siempre rehúye de la prensa, como si le espantaran los periodistas, también se ha comprado otro chalet en el golf de Girona. Su ficha como ciclista creció hasta límites insospechados cuando abandonó el US Postal para fichar por el Rabobank de Óscar Freire tras acabar tercero en la Vuelta del 2001.
George Hincapie vive cerca de la universidad. En otoño nació su hija. Su mujer había sido azafata del Tour. Guapísima. Era la encargada de colocar cada día el maillot amarillo al Boss. Allí nació el amor. Curiosa relación. Ella sólo hablaba el francés y a los pocos meses se casaron. Ahora es una gerundense más, aunque siempre el turismo francés ha sido uno de los reclamos de la oculta ciudad catalana.
El resto de chavales, hasta completar la veintena, prácticamente todos los estadounidenses que están en nómina en el Discovery Channel, mantienen una vida mucho más nómada. Alquilan pisos en cualquier rincón de la capital gerundense. También viven en la ciudad los corredores profesionales daneses Thomas Bruun y Jakob Piil, del CSC, el equipo en el que corre el italiano Ivan Basso, tercero el pasado año en París. Weltz ha vuelto a ser su asesor, a la hora de recomendarles Girona para vivir y entrenar. El polaco Darius Baranowski, que corrió en el Banesto y ahora lo hace en el Liberty Seguros, también vivió en Girona, aunque ahora se ha instalado en Lloret de Mar.

Cerca de los Pirineos
"Las carreteras son lo mejor. La tranquilidad, el pasar desapercibidos y ese mercado del que antes he hablado para poder ir a comprar. Son las maravillas de Girona", afirma Vandevelde. "Tenemos también los Pirineos a dos pasos y el aeropuerto de Barcelona a una hora de coche. En invierno el clima es suave para entrenar. ¿Qué más podemos pedir?", añade Fred Rodríguez, tal vez el estadounidense que más se ha interesado por conocer los secretos de esa Girona oculta que Armstrong ha descubierto a los ojos de sus compatriotas.

SERGI LÓPEZ-EGEA
GIRONA
EL PERIÓDICO DE CATALUNYA 27/03/2005

       
ROBERTO HERAS, TRIPLE VENCEDOR DE LA VUELTA, TAMBIÉN SE INSTALA EN GIRONA.
Apuesta por Catalunya
El coche rojo que busca un aparcamiento imposible en la plaza de Catalunya lleva una de las últimas placas que identifican su origen sevillano. "¡Eres el más grande Heras!". El ciclista suelta una de las manos del cochecito donde va su hija Marta y saluda a los aficionados. Seguramente descubrir la presencia del triple ganador de la Vuelta les ha quitado el malhumor por no encontrar un pequeño rincón donde dejar el vehículo y comenzar a patear el centro histórico de Girona.
Heras conoció a Ana, una chica de Barcelona, propietaria de una de las tiendas de bicicletas más populares de la capital catalana, hija de una familia con sangre ciclista en las venas. Su hermano Salva fue corredor profesional. Se enamoraron.
tour en girona
Nuevo residente. Roberto Heras posa sobre el puente construido por el francés Eiffel sobre el río Onyar.
Foto: JOAN CASTRO
El escalador, natural de Béjar, se vino a vivir al piso que Ana tenía en la parte alta de la capital catalana. Pero salir de Barcelona en bici era un auténtico tormento para Roberto. Sólo Vallvidrera le ofrecía un escape con alguna seguridad donde eludir los coches. Por aquel entonces era el lugarteniente de Lance Armstrong. Así qué mejor que hacer la mudanza, comprar una casa en uno de los barrios residenciales de Girona y establecerse con la familia en la ciudad más ciclista de Europa. "¿Qué tiene Girona? Yo diría mejor, ¿qué no le falta a Girona? Escuelas magníficas para los niños, todos las ventajas de una ciudad, un clima benigno para un deportista profesional como yo donde poder entrenar en invierno, carreteras sensacionales donde poder ir en bici. No le falta de nada. Aquí quiero establecerme cuando me retire. Ya lo tenemos decidido".
Heras pasea por el call. Es una tarde primaveral en la que el turismo español parece más activo que otras veces. Su presencia no pasa desapercibida. Algunos se giran con discreción tras verle pasar, un par de personas más le saludan. Él reparte unas sonrisas. Hasta cuando se fotografía en el puente de hierro que el ingeniero Eiffel hizo para la ciudad de Girona los transeúntes se detienen para no molestar al corredor.
"Una de mis asignaturas pendientes es el catalán. Ahora ya lo entiendo todo. Pero creo que vivir en Girona y no hablar catalán es algo un poco chocante. Por eso, me he propuesto aprender la lengua, y a ver si me lanzo cuando me retire del ciclismo". Su esposa es catalanoparlante, como la mayoría de amigos que han hecho en Catalunya.
Heras es capaz en una mañana de subirse a la bicicleta y partir desde la zona sur de la ciudad, donde vive, buscando nada menos que el camino hacia el Montseny. Puede parecer una locura. Por lo menos hay que estar muy bien preparado físicamente para montarse a una bici y echarse a la cabeza un viaje de ida y vuelta entre Girona y la cumbre del Montseny. En la cima un pequeño respiro, un sorbo del agua del bidón y, venga, de vuelta a casa.

Los vecinos de EEUU
"A mí personalmente me gusta entrenar en solitario, aunque mis rutas, cuando prefiero no alejarme mucho de Girona, son las mismas que realizan la mayoría de corredores estadounidenses. Si coincido con ellos, lo que sucede muchas veces, pues rodamos un rato juntos. Pero, normalmente, siempre voy solo". No se ha topado con su antiguo Boss en lo que llevamos de año, porque Armstrong, por ahora, ha estado poco tiempo en Girona.

SERGI LÓPEZ-EGEA
GIRONA
EL PERIÓDICO DE CATALUNYA 27/03/2005

Recomienda esta web a un amig@
Volver
tanomp@xubidu.com